El tarot de Naia
  Meditación basica
 

Meditación Básica de Cimentación

Tomada del libro Descubre a tus ángeles

 

Lee este ejercicio varias veces para familiarizarte con él o si te parece mejor, grábalo a fin de escuchar las indicaciones sin recurrir al libro. Cuando estés lista para comenzar, desconecta el teléfono y entra en un sitio tranquilo y sagrado que hayas preparado para meditar. Ponte cómoda, realiza un sencillo rito de apertura, tal como encender una vela o una varilla de incienso, y estarás lista para comenzar.

  1. Cierra los ojos. Concéntrate en tu respiración. Relaja el cuerpo.
  2. Cuando estés list@ centra tu atención en el cuerpo. Comienza por los pies. Luego, lentamente y a fondo, mueve tu conciencia hacia arriba, por las piernas, el torso, los brazos, el cuello y la cabeza. Presta mucha atención al acto de aspirar y exhalar.
  3. Imagina que estás rodead@ de luz. Cuando aspires, inhala esa luz y siente que te llena el cuerpo. Cuando expires, exhala cualquier tensión, cualquier dolor que puedas sentir en la mandíbula, la cara o los hombros. Exhala cualquier tensión que sientas en cualquier parte del cuerpo. Continúa inhalando luz, exhalando tensión. Inhala luz, exhala tensión, hasta que estés relajad@ y seren@. Si tu mente comienza a divagar o a charlar, vuelve suavemente la atención a tu respiración.
  4. Ahora comienza a imaginar pequeñas raíces que brotan de la planta de tus pies y la base de tu columna. Siente como crecen y crecen. Extiéndelas hacia abajo, a través de la silla y del suelo, atravesando la distancia que sea necesaria hasta llegar a la tierra.
  5. Continúa aspirando luz y exhalando tensión. Mientras tanto, visualiza tus raíces que se adentran profundamente en el suelo, afirmándose allí y conectándote muy firmemente al centro de la Tierra.
  6. Cuando exhales, imagina que despides toda la negatividad y todas las toxinas acumuladas en tu cuerpo por tus raíces hacia el centro de la Tierra donde son recicladas.
  7. Cuando tu cuerpo se sienta más liviano y abierto, revierte el proceso y comienza a extraer energía del núcleo de la Tierra. La energía terrestre es reparadora y nutritiva. Continúa exhalando negatividad y toxinas e inhalando esa reparadora energía terrestre.
  8. Siente cómo se acumula esa energía en la base de tu columna, virtiéndose en tu Chakra de la Raíz. Visualiza la energía de ese chakra como una luz roja que refulge en tu cuerpo. El Chakra de la Raíz es el asiento de tu seguridad y de tu estabilidad. Cuando está abierto y fluye, estás afinado con tu más profundo sentido de la pertenencia, de la seguridad, de estar a gusto en el mundo y dentro de tu cuerpo.
  9. Cuando estés list@, permite que la energía de la Tierra continúe fluyendo por tu columna hasta que llegue a tu segundo chakra, el Sexual. Está localizado a unos cinco centímetros por debajo del ombligo y es la sede de tu energía creativa en todos los planos: el físico, el artístico y el sexual. Siente cómo refulge con luz anaranjada. Cuando este chakra está abierto, eres capaz de experimentar gozo en tu cuerpo. Te abres a tu creatividad y a tu sexualidad. Estás radiante y llen@ de vida.
  10. Sin date prisa, aspira la energía terrestre hacia el chakra del plexo solar. Es tu punto de conexión con la voluntad y con tu poder personal. Imagina una palpitación amarilla y cálida en tu plexo solar. Recuerda que eres fuerte, san@ y capaz de hacer todas las cosas para las que viniste a esta vida, de un modo sagrado y animoso.
  11. Como una fuente, la energía de la Tierra continúa elevándose por tu cuerpo. Siente como fluye ahora hacia tu centro del corazón. Imagina una bella luz verde que refulge en medio de tu pecho, tan verde y viva como la primavera. El chakra del corazón es el centro del amor y las emociones dentro de tu cuerpo. Conéctate ahora con tu naturaleza amante, la fuerza y la ternura de tus sentimientos. Recuerda que eres un ser de amor, nacid@ en este mundo para sentir amor, para darlo y recibirlo.
  12. Deja que la energía continúe elevándose hasta un punto de tu pecho, entre los chakras del corazón y la garganta, dos o tres centímetros por debajo de la clavícula. Allí está el chakra del timo, el chakra de la compasión, de la comunidad y la paz. Imagina allí una luz aguamarina. Siente tu conexión con tu familia, tus amigos y toda la humanidad. Recuerda que no estás sol@, que eres parte integral y única de Todo Lo Que Es.
  13. Ahora deja que la energía de la ierra se eleve a tu garganta y a tus oídos. Imagina que brilla dentro una luz azul celeste. A esta altura puedes sentir el deseo de emitir un sonido, cualquier sonido o nota que te parezca agradable y cómodo. Esto dará mensajes a los músculos de tu garganta, abriendo este centro de comunicación. El chakra de la garganta gobierna el habla y la escucha, la veracidad y la espontaneidad. Visualiza un triángulo invertido que une tus oídos y tu garganta. Apoya levemente la punta de tus dedos en las orejas y une las palmas bajo el mentón, en forma de V, para conectar tu garganta y tus oídos. Ahora te estás abriendo para comunicarte, acentuando tu capacidad de escuchar y de hablar.
  14. A continuación lleva tu energía hasta el centro de tu frente. Allí está tu tercer ojo, el asiento de la conciencia expandida, de las percepciones psíquicas. Siente cómo brilla en tu frente un punto de luz azul índigo, un intenso azul violáceo. Recuerda que al vincularte con este chakra puedes despertar tus percepciones extrasensoriales, ver, oír y sentir otros mundos.
  15. Ahora deja que la energía de la tierra se eleve hasta lo más alto de tu cabeza. Allí está el chakra de la coronilla, que te conecta con tu conciencia de Dios, con tu Yo Superior. Céntrate en este punto y sigue respirando, suave y rítmicamente. Imagina una luz violeta que vibra dentro del chakra de la coronilla e irradia a partir de él. Permite que la energía aumente su intensidad.
  16. Visualiza la energía de la cimentación se eleva desde el cetro de la Tierra, moviéndose sucesivamente a través de todos los chakras, para luego surgir por la parte más alta de tu cabeza en un gran chorro de luz líquida. Observa cómo fluye, derramándose en cascada a tu alrededor, como una fuente de luz, cómo limpia y purifica tu cuerpo, equilibrando y armonizando todos tus chakras.
  17. Sigue respirando suave y rítmicamente. Percibe todos tus chakras llenos de luz. Cuando estés list@, visualiza ahora filamentos o ramas de energía que brotan desde lo alto de tu cabeza conectándote con el sol, la luna, los planetas de nuestro sistema solar, las estrellas y el cielo. Siente que esta energía, como una cascada, se vuelca por esas fibras, llenando tu chakra de la coronilla de modo tal que lo hace refulgir de luz celestial.
  18. Chakra por chakra, deja que la energía se vierta por tu cuerpo hacia abajo, tal como antes la dejaste ascender. Deja que llene de luz tu tercer ojo, tus oídos y garganta, tu tiempo, tu corazón, tu plexo solar, tu chakra sexual y el de la raíz. Siente cómo se vierte por tus raíces, entrando a la tierra de modo tal que también el planeta comienza a relumbrar con más potencia.
  19. Ahora las energías del Cielo y la Tierra fluyen por cada chakra, entretejiéndolos y vinculando tu cuerpo con el Universo. Siente todos tus chakras al mismo tiempo. Siéntete como un arcoiris de luz viviente, conectado con el Universo y con el Creador, conectado con la Tierra y cimentado.
  20. Repara en tu respiración. Cobra nuevamente conciencia de tu cuerpo, del sitio donde estás sentad@. Cuando estés list@, abre los ojos y contempla el mundo a tu alrededor. Analiza cómo te sientes, ¿cuáles son las diferencias que notas? Explora de qué modo este ejercicio afecta tu percepción y tus sensaciones.

Cada vez que hagas este ejercicio crecerá tu capacidad de cimentarte. Tus chakras se te volverán también más claros. Como el ejercicio es largo, no te desalientes si la primera vez pierdes la concentración. Ocurre con frecuencia. Pero si prestas atención a lso chakras de los que te apartas, puedes darte una idea de los aspectos de tu vida y las zonas de tu cuerpo sutil que estás list@ para explorar y sanar.

La práctica hace la perfección... Cuanto mayor sea la frecuencia con que haces este ejercicio, más fácil te será cimentarte y atraer luz a tu cuerpo.

 

 
   
 
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